– Para Clara –

Tu bondad era infinita,
más allá de los temores
que provocan los temblores
la paciencia se marchita.
Todo lo da, nada quita
libertad tan necesaria
enfrentando la precaria
evolución de duros años
protegiendo de los daños
de la angustia solitaria.

Tu ternura vagabunda
claramente quiere tanto
y despierta en sobresalto
la ilusión que tanto abunda.
Que la tierra no se hunda,
que la lluvia cubra el campo,
que pueda viajar a Huasco,
y la marea sinuosa
desentrañe madre hermosa
los misterios de tu encanto.
Los misterios de tu encanto…

Tus arrugas tan sublimes
eran los mapas sonrientes,
el soporte de los puentes
donde cuelgan mil jardines.
Añorando volantines
claridad en lo profundo
sosteniendo sola el mundo
huella clara de la noche
aceptando sin reproche
el instante moribundo.

Bordando una bella ruana
En la noche poco amable
pero el pan indispensable,
nunca falta en la mañana.
Y tu, abriendo la ventana
con tus manos prodigiosas
despertando mariposas,
un desayuno inventando,
un cachorro amamantando,
dando sentido a las cosas.

Dando sentido a las cosas…

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