…la música como compañera de andanzas del quehacer humano, que está ahí, en las buenas y en las malas, a veces invisible, otras veces palpable por el tacto de los sentimientos o el palpitar sonoro de nuestros corazones.

Esa que se inmiscuye en las percepciones vitales de cada uno de nosotros, que acelera el ritmo cuando respiramos nuestras alegrías y esperanzas y placeres… nuestros dolores, tristezas y tragedias…¡el amor!